Por Pedro Pablo Bellido
Quiero pensar en cuál es la relación entre los valores que practicamos y defendemos en nuestro diario vivir y el dinero que anhelamos tener para obtener para satisfacer nuestras necesidades básicas o suntuarias.
Veo que vivimos en una sociedad en la que constantemente leemos en los medios de comunicación que todas las personas tienen un precio, y quien diga que hay personas que no tienen precio esta en un error según una gran porción de nuestra sociedad.
Los ejemplos, lamentablemente, abundan. Los policías de transito en mi ciudad no solo tienen precio sino que… ¡Están en Oferta! Salen a las calles a buscar infractores y luego dicen sus típicas frases: “Bueno señor, yo no quiero hacerle daño, así que usted dirá…” o “¿Usted sabe cuanto cuesta esta papeleta? Ahora han subido y ese dinero no es para mi, es para la municipalidad” en fin, el tema de la policía es un caso aparte, el punto es que sus sueldos son tan bajos que los degrada a vender su honor y el de su institución para poder cubrir las necesidades personales.
Hace poco leí que acelerar un proceso en el poder judicial, costaba unos 400 soles en promedio (me parece gracioso que se diga la palabra promedio, realmente la corrupción es tan escandalosa que esta sujeta a muestreos estadísticos, solo falta que nos indiquen también la desviación estándar o el grado de confianza de una coima) si consideramos que un sueldo promedio de un trabajador administrativo del PJ es 810 soles, quizás podemos una vez más tratar de relacionar la necesidad económica con el precio que tiene el honor de las personas.
Considero que el honor de las personas es todo el esfuerzo que cada individuo hace para defender sus valores, es así que si una persona vive una vida a cabalidad defendiendo por sobre todo aquellas creencias, posiciones y objetos que valora (valores) tendrá un honor, si lo hacen por generaciones será una familia reconocida por su honor y si lo hace toda una nación entonces sus ciudadanos serían reconocidos por ello.
El honor y los valores, están íntimamente relacionados, sin valores no hay honor y sin honor… no hay porque defender los valores. Esto parece teoría pura, y como diría mi profesor de macroeconomía: Me gustaría agregar dos variables a esta ecuación: la pobreza y la oferta de dinero sucio.
Cuando a una persona bien educada y correcta, la pones en apuros económico y le ofreces dinero a cambio de un servicio que va en contra de su honor y por ello la defensa de sus valores, ¿podríamos realmente, en una situación así, comprar la conciencia y los valores de una persona?; dejemos esta pregunta un momento en el aire y definamos claramente los parámetros de esta ecuación.
Coincido con Tünnermann (1998) cuando define que los valores son una serie de creencias seleccionadas e incorporadas a la conducta, y que esta serie de creencias le dan dirección a la vida de las personas, considerando esto yo defino que el honor es la defensa de dichos valores.
Si uno defiende sus creencias con pasión poco a poco irá creando una reputación y un honor que defender, un nombre (o apellido) que cuidar. Conociendo ello, las empresas declaran sus valores y se los hacen saber a sus colaboradores para que estos valores guíen las labores cotidianas de sus trabajadores, sus gerentes deben estar comprometidos en dar ejemplo de compromiso con la declaración de valores y generar una influencia positiva en sus mandos medios y ellos en los trabajadores más jóvenes o menos expertos.
Individualmente, las personas toman como valores aquello que aprendieron con su formación temprana, aquellas enseñanzas que recibimos de nuestros padres cuando niños y que poco a poco se han ido formando por la influencia de la escuela, la familia, los amigos, la iglesia, los medios de comunicación y los propios razonamientos e interpretaciones que cada uno obtiene atreves de las experiencias vividas.
Es lógico pensar que las sociedades de determinadas zonas geográficas tienen unos valores similares pues se ven expuestos a similares influencias, por ejemplo: La sociedad japonesa en su conjunto tienen un concepto del honor tan alto que es socialmente aceptado y estimulado el quitase la vida si uno no protege el honor de su nombre, familia o empresa, por lo que podemos considerar que el honor esta por encima de la vida. En la sociedad latinoamericana la familia y su protección están por encima del la vida y frases como “daría la vida por mis hijos” son comunes en las reuniones familiares, pero no tanto así el honor que si podría ser sacrificado por la vida o comodidades de la familia.
Las organizaciones públicas y privadas promueven la defensa de sus valores institucionales y sus códigos de conducta, sancionan y premian a aquellos que obran en contra y a favor de los objetivos de la organización, pero con todo esto seguimos siendo teóricos y las variables necesidad y dinero mal habido modifican los parámetros del comportamiento de las personas y pueden provocar que estas traicionen la defensa de sus valores en sociedades como la nuestra.
Considero, que es factible comprar el honor de una persona que este dispuesta a sacrificarlo. Y considero que es factible que esto suceda en contextos en los que la práctica de hacerlo esta prácticamente institucionalizada, por ejemplo en instituciones del estado hay quienes son corruptos y quienes no lo son pero ambos comportamientos conviven y son tolerados. Lo que convierte a la corrupción en un cáncer que está allí y que poco a poco (de no ser extirpado) irá haciendo metástasis en todo el cuerpo sano.
En la sociedad la corrupción del estado, es criticada por la sociedad civil que no requiere de usar de los servicios públicos, pero muchas veces cuando las personas (buenas, que critican la corrupción del estado) requieren de hacer un trámite con el gobierno se ven obligadas a caer en el juego sucio de la corrupción y participan en coimas y sobornos a funcionarios públicos que no trabajan correctamente sin la “contribución” necesaria.
No hay nada más triste para una persona de honor que defiende sus valores, que tener que venderlos por necesidad, tener que bajar la cabeza y aceptar dinero que no quiere recibir pero que debe hacerlo para subsistir. Y no hay nada más frustrante que la de tener que participar en la compra de un favor de una persona sin honor, por necesidad.
En las empresas, las cosas son similares, sobornar a un funcionario del estado para conseguir ser favorecido por una buena pro en alguna licitación del estado es un tema de valores. Obtener dinero para progresar económicamente en desmedro de los intereses de la nación esta penado por la ley pero… “todo el mundo lo hace”. Realmente las cosas en el país podrían ser significativamente mejores si todos cambiáramos un poco y valoráramos más los valores con los que hemos sido formados y que han sido deformados por los malos ejemplos de la sociedad.
Ya para terminar, debemos de preguntarnos si realmente se pueden comprar los valores de una persona, hay personas que dicen: yo jamás lo haría! Eso NUNCA! O Primero Muerto! Antes de vender mi nombre… y dañar la imagen o el honor de mi familia. Ok, pero como dirían nuestros criollísimos: Una cosa es con guitarra y otra con cajón! Quizás tienes comodidades y te va bien el la vida y sea fácil decir que tus valores y honor no están a la venta, pero el verdadero mérito está en aquellos quienes no tienen comodidades y que con mucho sacrificio subsisten y que aun teniendo grandes carencias conservan sus valores y respetan su honor por encima de cualquier oferta económica.
De esas personas necesitamos más en nuestra patria, en nuestras empresas y en nuestras familias, para formar un país que realmente practique sus valores y que salga adelante con el pleno ejercicio de las mejores practicas sociales y empresariales.
Escrito en General, Sociedad
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